GAEL MARCHANT
La puerta se cerró detrás de mí con un suave clic. Eran más de las nueve de la noche y sentía cada músculo protestar. Entre los informes, las bromas de Adriano y esa mujer infernal que me traía loco, el día había sido una tortura.
Anastasia.
El simple hecho de pensar su nombre hacía que algo en mi pecho se tensara. Era fuego, provocación y dulzura en un solo cuerpo… y hoy había jugado conmigo como una gata con su presa, este día había sido largo y estaba agotado.
Solté el saco, me