VALERIO
Abrí los ojos antes que ella.
El sol se filtraba entre las cortinas, iluminando la habitación con una luz suave y dorada.
Sara dormía abrazada a mí, con su cabeza apoyada en mi pecho, su respiración tranquila rozándome la piel.
La observé un momento.
Tenía una mano sobre mi cintura y un mechón de su cabello le cubría la mejilla.
Le aparté el mechón con cuidado y sonreí cuando arrugó la nariz, medio dormida.
Dejé un beso en su frente y acaricié su brazo con suavidad.
Sara empezó a desper