ADRIANO
Entramos por fin a la casa y el ambiente se llenó de voces y risas. Mamá y Nana tenían el living convertido en un mercado de ternura: maletas abiertas, ropa diminuta apilada, gorritos, mantitas, zapatitos que parecían hechos para un muñeco. Yo miraba aquello y solo pensaba en que cada prenda representaba un futuro que tenía que defender con sangre si era necesario.
Analena y Analia estaban afuera, firmes, rodeadas de nuestros hombres y también de los de Alessandro y Enzo. La seguridad e