SARA BLACKSTONE
Me miré en el espejo mientras abotonaba mi blusa.
No podía negar que mi cuerpo se sentía… diferente.
Rejuvenecido.
Después de tantos años —más de diez sin intimidad con un hombre, desde la muerte de Alexander—, volver a sentirme deseada había despertado algo que creía muerto.
Valerio había sido fuego.
Fuego y ternura.
A pesar de sus cincuenta y cinco años, su cuerpo estaba firme, fuerte… y recordarlo me hacía sonrojar.
Lo observé luchar con los botones de su camisa y me acerqué