No solo uno, cinco, quiero todo contigo.
ADRIANO
Después de comprar todo lo necesario para sus pasteles, dejé a mi Dalia en la puerta de su casa con un beso que me supo a poco. Dalia olía a lavanda, a sueños que no deberían conocer la amargura del mundo al que pertenezco.
—Tengo un asunto pendiente en la oficina —le dije, acariciando su mejilla.
—Está bien, yo tengo que preparar pasteles… estaré despierta hasta tarde.
—¿Eso quiere decir que me puedo pasar en un rato más? —pregunté con una sonrisa que buscaba quedarse grabada en sus