JACKELINE
Había pasado una semana desde que todo terminó. Ahora podíamos hacer nuestra vida normal. Sin la amenaza del medio hermano de Vittorio, por fin podíamos salir libremente.
Aunque Alessandro no me dejaba ir sola a ningún lado.
Ahora estábamos en el cementerio; mi prima quería ver a mi tío. Trajimos las dalias blancas que siempre llevábamos cada vez que veníamos. Mi prima estaba de rodillas frente a la tumba de mi tío, arreglándola, y yo a su lado limpiando.
—Hola, tío. Me he portado muy