GAEL MARCHANT
El teléfono vibra en mi bolsillo como si fuera un aviso en la nuca. Atiendo sin mirar y la voz de Paolo llega corta, contenida, urgente.
—Paolo —digo, y él no pierde tiempo.
—Gael —responde—. Movimientos de Visconti. Se están reagrupando. Hay ruido en Europa; Valerio está moviendo hombres hacia América.
La sangre me baja a las manos. No me sorprende, pero la noticia golpea igual: la guerra que creíamos amortiguada vuelve a prenderse.
—Gracias por avisar, primo —contesto—. Dame tod