ADRIANO
Desperté con mi Dalia en los brazos. No quería soltarla; adoraba su aroma. Empecé a besar su cuello, su hombro; mis manos recorrían su piel.
—Mmm… buenos días, amor.
Se retorció como un pequeño gatito entre mis brazos. Había pasado una semana desde que nos atacaron. Enzo se había llevado a Alessia porque estaba muy nerviosa, pero dejó a Raid a cargo con vigilancia extra. Nada era suficiente para cuidar a nuestra familia; siempre serían prioridad para nosotros.
—Buenos días, mi flor. ¿Có