DALIA
Jacke llegaba en brazos de Alessandro como un pequeño koala.
Yo me quedé en medio del pasillo, alzando una ceja.
—¿Y ustedes…?
Alessandro solo respondió con su típica seriedad tranquila:
—Mejor no preguntes.
Jacke, sin bajarse de sus brazos, se enderezó un poco y me extendió una bolsa con algo dentro.
—¿Y esto qué es? —pregunté, curiosa.
—Helado de lúcuma. De la tienda Cartedore.
Sonreí al instante.
—¡Mi favorito! —reí mientras los veía subir por la escalera.
Las piernas de Jacke rodeaban