ALESSANDRO
El camino de regreso fue un infierno.
Jacke no dijo una palabra, y yo tampoco. El silencio era más ruidoso que cualquier grito. La ciudad pasaba lenta frente al parabrisas, pero yo solo podía ver sus manos apretadas sobre sus piernas, su respiración entrecortada, pero su barbilla levantada de manera desafiante.
Cada músculo de mi espalda estaba tenso.
Sentía el corazón latiendo como si quisiera escapar del pecho, y cada imagen de ella, sonriendo, mirando, riendo mientras otros hombre