JACKELINE
Habían pasado unos días y esa mañana decidí que necesitaba un poco de libertad y que mejor que llevar a cabo mi plan.
Le dije a Alessandro que tenía antojos de frutillas, sabiendo perfectamente que no había ni una sola frutería cerca. Se demoraría, lo justo para poder escapar.
Apenas lo vi salir, tomé mi bolso y caminé directo a la habitación de Dalia.
—¿Estás lista? —susurré al entrar.
—Sí —respondió con una sonrisa cómplice—. Iremos en el auto de papá.
—¿Y Adriano?
—Está trabajando.