Eres mía Dalia, solo mía.
ADRIANO
Gael me había avisado por teléfono: “El wedding planner ya está en casa, ve tranquilo”. Su tono relajado me hizo pensar que se trataba de un hombre mayor, de esos organizadores experimentados, rondando los cincuenta, con lentes y barriga, más preocupado de las flores que de cualquier otra cosa.
Así que entré confiado.
Pero cuando crucé el umbral de la sala, casi me caigo de espaldas.
Ahí estaba. Un hombre alto, de porte elegante, perfectamente peinado, trajeado, con una sonrisa impecabl