DALIA
El amanecer fue distinto. La pesadilla del atentado todavía revoloteaba en mi mente, pero el recuerdo de la casa de mi padre y del viejo coche restaurado brillaba tanto que había logrado opacar todo lo malo. Adriano me lo había devuelto todo, y con eso había devuelto también una parte de mí que creía perdida para siempre.
Dormimos en la mansión, pero habíamos acordado que esa casa sería mi refugio. Mi espacio seguro. El lugar al que acudiría cuando necesitara sentir a papá cerca o cuando