ADRIANO
Cuando llegué a casa, la noche estaba en silencio.
Apenas cerré la puerta, escuché su voz.
— Adriano...
—Amor… aún despierta.
Dalia estaba sentada en el respaldar de la cama, el cabello suelto y los ojos cansados.
—No podía dormir sin ti —susurró—. ¿Qué pasó? ¿Cómo está Gael?
Suspiré, dejándome caer sentado en la orilla de la cama.
—Destruyéndose. —Pasé una mano por mi rostro—. Es la segunda vez en la vida que le rompen el corazón, y como siempre, intenta no sentir… pero es peor. Por lo