DALIA
El olor a harina recién abierta me envolvía como un abrazo. La cocina de la mansión siempre había sido mi refugio, pero esa mañana mi mente estaba a kilómetros de distancia, persiguiendo la sombra de Adriano en España. Me descubrí mirando sin ver, la cuchara de madera quieta en mis manos mientras la masa esperaba.
Alessandro, con las mangas arremangadas y el tatuaje serpenteando por su brazo, trabajaba la masa con una fuerza casi ritual. Sus manos hundían, giraban, golpeaban, como si en c