DALIA
Me acomodé en el sofá con la manta sobre las piernas, aunque en realidad no me quedaba quieta ni un segundo. Mi corazón iba más rápido que los de mis tres pequeños juntos, latiendo con fuerza bajo mi mano.
—Amor… —miré a Adriano, y luego a Alessandro—. Josefo, escúchenme bien los dos. Yo adoro a Jacke, ella es más que mi prima, es mi hermana. Y también adoro a este hombre terco que tengo al lado, porque es mi vida. ¿Qué ganamos si siguen midiéndose con armas y amenazas?
Adriano apretó mi