DALIA
La casa era pequeña.
Solo una habitación, una cocina con comedor y un baño.
Un hogar que me alcanzó con lo que me dio la señora Sara.
Y aunque sencilla, era mía. Un rincón del mundo donde podía cerrar la puerta y saber que nadie entraría a gritarme, a echarme, a arrebatarme la poca paz que me quedaba.
Ya nadie vendría aquí a echarme a la calle o quitármela.
Colgué las fotos de mi padre en el pasillo estrecho. Su sonrisa detenida en el tiempo me observaba cada vez que pasaba.
Puse su radio