ADRIANO
Odiaba sentirme así.
Vulnerable.
Débil.
Humillado.
Despertar en una habitación desconocida, con el cuerpo entumecido, cables saliendo de mis brazos, una mujer llorando a mi lado y diciéndose mi esposa… fue una de las experiencias más perturbadoras de mi vida.
El olor a desinfectante me quemaba la garganta; la piel, pegajosa de sudor frío. Cada pitido de las máquinas me taladraba la cabeza mientras intentaba recordar quién demonios era yo sin ese cuerpo fuerte y esa mente implacable.
Y l