Aunque duela, sigo adelante
DALIA

La casa era pequeña, pero cálida.

Y el jardín… mi pequeño refugio.

Me agaché frente a los arbustos, dejando que el aroma suave de las lavandas impregnara mis manos, mi ropa, mis recuerdos.

Había plantado cada tallo de lavanda y cada semilla de dalia con cuidado.

Sabía que la lavanda era su esencia favorita desde que se la mostré.

Y aunque ya no tenía sentido recordarlo, lo hacía igual.

El viento mecía las flores, como si supieran su nombre.

Recordé cuando me miraba con sus ojos llenos
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