DALIA
— Hola pequeña, ¿Cómo estás? ¿Puedes acercarte a la mansión? Llegó un paquete para ti —dijo Sara al teléfono, su voz suave, casi temerosa. Estaba en mi universidad, estaba por salir.
Mi pecho se encogió. No quería volver ahí. No quería respirar ese aire. No quería recordar nada que doliera más de lo que ya dolía.
—Prefiero que no… —respondí, bajando la mirada hacia el suelo. Tenía miedo de verlo, de que mis pasos se encontraran con los suyos. Aún no estaba lista para enfrentar ese abismo.