DALIA
Entré a la empresa con una sonrisa nerviosa, cargando la bolsa del almuerzo. Sabía que Adriano estaría ocupado, pero aun así me emocionaba sorprenderlo con algo preparado por mí.
Apenas crucé la recepción, lo vi. Adriano salía de la sala de reuniones, impecable en su traje oscuro, con esa mirada fría que siempre usaba en el trabajo. Pero en cuanto sus ojos se encontraron con los míos… todo cambió.
—¡Mi flor! —exclamó con una sonrisa peligrosa que derritió mi corazón.
En un segundo estaba f