Helena la observó, y por primera vez, sintió que Jimena realmente estaba cambiando. No era la mujer fría y controladora que la había hecho sentir invisible. Era una abuela que quería amar a su nieto, que quería redimirse de todos sus errores.
—Gracias —dijo Jimena, devolviéndole el bebé con cuidado. —Gracias por permitirme esto. Sé que no lo merezco.
—Todos merecemos una segunda oportunidad —respondió Helena. —Solo depende de nosotros aprovecharla. Y tú estás intentándolo.
—¿Cómo vamos a llamar