La noche terminó, y Helena y Máximo regresaron a su casa. Era la misma casa donde habían criado a Santiago, donde habían plantado el jardín que ahora estaba lleno de rosas, donde habían construido su vida juntos. Cada rincón de esa casa guardaba un recuerdo, una historia, un pedazo de su amor.
—¿Te acuerdas de la primera vez que vinimos aquí? —preguntó Helena, mientras se sentaban en el porche, mirando el jardín iluminado por la luna.
—Sí —respondió Máximo. —Tenías tanto miedo de que no funcion