Helena sintió que su corazón se llenaba de amor. Recordó el día en que Máximo había hecho esa misma promesa, y cómo había sido puesta a prueba una y otra vez. Recordó las noches de llanto, las discusiones, el momento en que casi se rindió. Pero también recordó el día en que él había cambiado, cuando había elegido ser el hombre que ella necesitaba. Y ahora, ver a su hijo hacer la misma promesa, sabiendo que él había aprendido de su padre, era más de lo que jamás había imaginado.
Máximo, como si