—¿Y qué es lo que quieres que aún sigues aquí? —preguntó Franco, tenía muy claro que no quería dejar a su padre junto con el desesperado Gio—. Padre no cambiará de opinión, nunca debió tentar esa posibilidad, aun con tus peticiones. No es sensato y es cruel lo que exiges, lo que propones. ¿No piensas en Daniele? ¿No piensas en tus otros hijos que ven como los desplazas de un momento a otro? Ni siquiera has pensado en el impacto que tuvo esta noticia en tu familia, eres… eres cruel con ellos, Gio. No sé si es que no te importa o simplemente no te das cuenta de lo que dañas en ellos.
—Son adultos, bastante grandecitos como para aceptar que su padre fue infiel y tuvo otra familia. He esperado años y años para esto, no me detendré solo por lo que los demás piensen. Mis hijos están adultos, no los daño con esto.
—¿Y con el rechazo? Daniele sabe que querías e insististe en poner a Leandro por encima de él, tus hijos saben que los estás reemplazando. Y no tienes el más mínimo remordimiento.