—¿Por qué de repente, Chiara?
—¿Por qué no? Quiero probarlo. ¿No te gusta? ¿No te gustaría que lo hiciera?
Ella estaba sobre la cama, acostada desnuda, sus piernas moviéndose de arriba hacia abajo, mientras jugada distraídamente con su cabello.
Aquella tarde, luego de rendirse ante la idea de estar de rodillas frente a Daniele y que este colocara su pene en su boca, decidió que debían de almorzar, así que se cambió de ropa y se perdió en la cocina, luego de encerró en la habitación mientras Daniele y su hijo pasaban la tarde juntos.
Pero había llegado la noche y con ella las ganas renovadas de Chiara.
—No lo sé.
—¡No voy a morderlo! —le gritó, abandonando su falsa calma—. ¡Odio cuando me haces suplicar!
—Pues a mí me gusta—dijo, sonriéndole mientras disfrutaba verla perder la calma.
—¿Es una venganza? Siento que te estás desquitando todas las veces que te rechacé.
—¿Me llegaste a rechazar? —le preguntó, fingiendo que no recordaba nada. Movió la toalla sobre su cabello, acababa de toma