¡Plaf!
La cachetada impactó en su rostro cuando se quedaron a solas, Leandro había ido con su familia y Mauro a su casa.
Los enormes ojos de Gio enfocaban a la mujer cerca de él, ambos rostros crispados.
—¿Qué demonios fue eso? — masculló Gio, su mano intentando calmar el escozor en su mejilla—. Me has pegado, Patrizia.
—¡Dejaste a mis hijos en vergüenza frente a todos! — Las lágrimas humedecían sus mejillas y eran tan reales como la sensación de impotencia que sentía en ese momento—. ¡¿Cómo fue que no hiciste nada?! Solo faltó que nos echaran los perros atrás para que saliéramos de esa maldita casa.
—Yo… tenía las manos atadas—dijo.
—¡Mientras tus hijos golpeaban a los míos! Ahora Leandro tiene que aparecerse frente a su esposa con el rostro de ese modo. ¿Esta es la manera en la que merecemos ser recibidos? ¿Es esta, Giovanni?
Él bajó la mirada, evidentemente avergonzado con el trato que les había dado su familia a sus hijos, pero también tenía muchas cosas que decir.
—¿Qué hay de us