¡Plaf!
La cachetada impactó en su rostro cuando se quedaron a solas, Leandro había ido con su familia y Mauro a su casa.
Los enormes ojos de Gio enfocaban a la mujer cerca de él, ambos rostros crispados.
—¿Qué demonios fue eso? — masculló Gio, su mano intentando calmar el escozor en su mejilla—. Me has pegado, Patrizia.
—¡Dejaste a mis hijos en vergüenza frente a todos! — Las lágrimas humedecían sus mejillas y eran tan reales como la sensación de impotencia que sentía en ese momento—. ¡¿Cómo fu