—Gracias—dijo Chiara mientras entraba a la tienda y un hombre le abría la puerta.
—Ha sido un placer, bella dama. —Se quedó observando un momento al niño que jugaba distraídamente con su juguete—. ¿Puedo saludarlo? —Señaló a Dav.
—Claro.
—Que ojos más expresivos tiene—comentó el hombre, intentando tomar el juguete de Dav, pero a raíz de eso el niño lo arrojó contra la cara del hombre, dejando a Chiara muy sorprendida, él solía ser muy amigable, pero no le gustaba que tomaran sus juguetes, aún así, jamás lo había aventado contra nadie—. Supongo que no le agrado—dijo, cubriendo su ojo con una mano.
—Lo siento.
—No se disculpe usted, he interferido con su juego, creo que yo habría hecho lo mismo.
Chiara movió el coche para seguir su camino, entrar a la tienda para comprar lo que buscaba, el hombre se puso en medio.
Ella arqueó una ceja, esperando que el hombre se hiciera a un lado.
—¿Puedo invitarla a un café?
—Lo siento, no tomo café.
—Lo que desee tomar—insistió.
—Gracias, pero debo re