—Gracias—dijo Chiara mientras entraba a la tienda y un hombre le abría la puerta.
—Ha sido un placer, bella dama. —Se quedó observando un momento al niño que jugaba distraídamente con su juguete—. ¿Puedo saludarlo? —Señaló a Dav.
—Claro.
—Que ojos más expresivos tiene—comentó el hombre, intentando tomar el juguete de Dav, pero a raíz de eso el niño lo arrojó contra la cara del hombre, dejando a Chiara muy sorprendida, él solía ser muy amigable, pero no le gustaba que tomaran sus juguetes, aún a