Llegó lo más rápido que pudo, desde que tomó su maleta y salió del aeropuerto. Había sido un vuelo de última hora, programado luego de que su teléfono no parara de sonar con llamadas múltiples, entre sus familiares, algunos amigos cercanos, otros socios cercanos y un sinnúmero de personas que a lo mejor nunca lo habían llamado en la vida.
Entonces vio la noticia, la vena de su frente hinchándose al darse cuenta de todo lo que se decía de ellos, de su familia, la nueva aparición de sus “hermanos”.
Cuando vio las fotos de la boda, Rosel y Chiara en el mismo escenario, su corazón se encogió.
El mismo día logró romper a la vez el corazón de dos mujeres: Rosel, aun sabiendo lo que iba a pasar, pero con miedo de que hubiese cambios y Chiara, ajena a todo el panorama, llena de ilusión ante un matrimonio donde el esposo no la amaba ni pretendía hacerlo.
Muchos cambios desde esa fecha.
Rosel no estaba. Había muerto.
Chiara y él no estaban casados, pero él la amaba.
La esposa que no amaba quedó