SERENA
El bullicio de La Brasa Oculta me envuelve, risas y vasos chocando, camareros corriendo con bandejas. Estoy sentada en una mesa cerca de la cocina, las luces cálidas bañándome, pero mi corazón late como si estuviera a punto de saltar de mi pecho. Dante está frente a mí, su camisa blanca marcando los músculos de sus brazos, su mirada verde clavada en la mía, y joder, nunca me había puesto tan nerviosa.
No es el Dante que perseguí hasta volverlo loco, el que me resistía con esa frialdad qu