SERENA
Estoy sentada en el sofá de terciopelo rojo, mi cuerpo vibrando, el sabor de los labios de Dante —vino, especias, puro deseo— todavía quemándome la boca. Sus besos me han encendido, un incendio que no apago, y sus ojos verdes, brillantes en la penumbra, me desafían, su sonrisa ladeada prometiendo más. Mi respiración es pesada, mi vestido negro subiendo por mis muslos, y cada latido en mi pecho grita que lo quiero, que lo necesito, ahora; lo empujo contra el sofá, mi fuerza sorprendiéndol