DAMIANO
Cuando el cuerpo es la última súplica
Sabía que esa última copa la dejaría así. Serena nunca ha sido buena tolerando el champán cuando está emocionalmente agotada, y yo… bueno, yo me aproveché un poco de eso, y de lo que había puesto en su bebida; me sé cada uno de sus bordes, sus zonas de calor, sus grietas. Y porque ella me lo enseñó, joder. Me enseñó a tocarla como le gusta que la toquen, a besarla como quiere que la besen, a follarla como nadie más puede hacerlo.
No pude soportarlo cuando entró a esta habitación con ese rostro sereno y cruel. Serena no vino aquí para cenar. Vino a dejarme. Y eso... eso no iba a terminar en una despedida fría, ni en una copa vacía.
De hecho, esto no iba a terminar.
Mi cordura me decía que todo acabó, que ese año no sirvió de nada. No solo me fue infiel y casi me convierte en un asesino, sino que… fingió. Y esa era la parte más dolorosa de esto, porque me creí su mentira. Y peor aún, habría querido no saber la verdad y seguir con esa cruel,