DAMIANO
Cuando el cuerpo es la última súplica
Sabía que esa última copa la dejaría así. Serena nunca ha sido buena tolerando el champán cuando está emocionalmente agotada, y yo… bueno, yo me aproveché un poco de eso, y de lo que había puesto en su bebida; me sé cada uno de sus bordes, sus zonas de calor, sus grietas. Y porque ella me lo enseñó, joder. Me enseñó a tocarla como le gusta que la toquen, a besarla como quiere que la besen, a follarla como nadie más puede hacerlo.
No pude soportarlo