SERENA
El salón está silencioso, y odio este maldito silencio, porque se apodera de mis pensamientos y no estoy teniendo muy buenos pensamientos.
Estoy sentada en el sofá, el ordenador portátil sobre mis piernas, mis dedos inmóviles sobre el teclado mientras miro la pantalla sin ver nada. Han pasado dos días desde que dejé a Dante en el hospital, desde que sus ojos verdes me miraron como si fuera una extraña, y el peso de eso me ha seguido como una sombra. No he dormido bien, no he comido más que lo justo, y cada pensamiento me lleva a él, a su cama blanca, a su amnesia que me arrancó de su vida.
Ese maldito accidente, solo unas horas antes creí que todo era perfecto. Y luego… No sé, no sé qué mierdas es todo esto, porque pasé de tener a un Dante dispuesto a ser mi amante, para tener uno que ni me reconoce.
Pensé que mi suerte había cambiado, que… las cosas iban a salir bien en estos meses que restaban. Pero todo indicaba que no, lo peor era que no me podía acercar a él, no solo porqu