SERENA
El salón está silencioso, y odio este maldito silencio, porque se apodera de mis pensamientos y no estoy teniendo muy buenos pensamientos.
Estoy sentada en el sofá, el ordenador portátil sobre mis piernas, mis dedos inmóviles sobre el teclado mientras miro la pantalla sin ver nada. Han pasado dos días desde que dejé a Dante en el hospital, desde que sus ojos verdes me miraron como si fuera una extraña, y el peso de eso me ha seguido como una sombra. No he dormido bien, no he comido más q