SERENA
Han pasado cinco días desde que salí corriendo de esa cena, mis tacones resonando en las calles de Milán mientras dejaba atrás las voces de Damiano y sus padres, sus planes y sus sueños que nunca fueron míos.
Esa misma noche, con la misma urgencia que me llevó a huir del restaurante, tomé una decisión que había estado creciendo dentro de mí como una tormenta. No podía soportarlo más. No podía seguir viviendo así, fingiendo al lado de Damiano, cargando un matrimonio que me asfixiaba con c