Trish
El vuelo de regreso a Milán se sintió más corto de lo que esperaba. Quizás porque mi mente estaba demasiado ocupada procesando todo lo que había ocurrido en Nueva York, cada palabra que había intercambiado con Nigel, cada confesión que me había dejado el corazón pesado. Habíamos cerrado una herida, pero las cicatrices seguían ahí.
Me incliné en el asiento y miré por la ventanilla. Volvía a casa. A mi vida, a la ciudad donde me sentía yo misma, a los brazos de un hombre que me había espera