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Miró a su alrededor cuando entró a casa de su padre.

Lo primero que sintió fue lástima, es decir, seguía siendo su padre.

La casa era bonita, no se debía a eso su pena, sino al rostro consumido de su padre, como si hubiesen pasado años desde la última vez que se vieron, sus mejillas se veían más hundidas y se notaba claramente que había tenido una pérdida considerable de peso.

—Leandro, toma asiento. — Gio mantuvo la distancia para no incomodar a su hijo, pero Leandro se acercó a su padre y le
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