Notó cómo el encaje negro se deslizaba sobre su cuerpo, un cuerpo que había sido hidratado con cremas, aceites corporales y, por último, perfume, antes de ser maquillado hasta lucir terso, suave y perfecto, incluso al reflejo del espejo. Esos espejos, en tres ángulos, capturaban el procedimiento, haciéndola sentir con el corazón latiendo en su boca, como si la estuvieran preparando, vistiéndola en realidad, como una posible muñeca, de carácter sexual, claramente, para su dueño.
Las medias fuero