Variable Emocional.
No fue el nombre lo que me hizo detenerme, fue el formato.
Hasta ese momento, los protocolos seguían una lógica que ya me resultaba dolorosamente familiar: encabezados asépticos, numeraciones limpias, verbos impersonales.
Reintegración. Ajuste. Continuidad.
Palabras que parecían diseñadas para no rozar nunca un cuerpo real.
Pero ese archivo, ese fragmento específico dentro del conjunto, tenía una estructura distinta. Más breve, más precisa, como si no necesitara justificar su existencia.
PROTOC