Fisuras.
Caelan empezó a fallar en detalles tan pequeños que, de no conocerlo, cualquiera los habría atribuido al cansancio.
Pero yo lo conocía.
Lo noté la primera vez que me llamó por un nombre que ya no usaba para mí desde hacía años. No fue un error evidente. No dijo un nombre equivocado del todo. Fue una versión antigua, íntima, algo que había quedado atrás cuando nuestras vidas se reordenaron en torno a silencios nuevos.
—Perdón —dijo de inmediato—. Me distraje.
No se disculpó con incomodidad. No s