Prófuga.
La noticia llegó sin dramatismo.
No hubo llamadas urgentes ni advertencias anticipadas, fue un informe más entre muchos otros, deslizado sobre mi escritorio a primera hora de la mañana, con la misma neutralidad con la que se entregan los datos que nadie quiere mirar demasiado de cerca.
Vivienne seguía prófuga.
Me quedé unos segundos observando la carpeta sin abrirla. El nombre en la portada no era solo una referencia externa; era una grieta que todavía no terminaba de cerrarse dentro de todo lo