Primeros Años.
Los primeros meses con Noah no fueron dulces.
Nadie habla de eso con honestidad.
Todos mencionan la ternura, las primeras sonrisas, los pequeños dedos aferrándose a tu mano como si fueras su mundo entero. Y sí, todo eso existía, pero también existía lo otro.
El cansancio, el desgaste, la sensación constante de estar al límite.
Las noches no eran noches. Eran fragmentos de tiempo interrumpidos por llantos, por movimientos, por esa alerta constante que nunca se apagaba del todo.
Aprendí a dormir