La Exigencia.
El video llegó cuando el cielo todavía estaba gris.
No había dormido. Me quedé sentada en el suelo, apoyada contra el sofá, con la fotografía de la noche anterior sobre la mesa y el teléfono entre las manos. Cada sonido del edificio me parecía sospechoso. Cada vibración, una amenaza.
Cuando la pantalla se encendió, no era una llamada, era un archivo sin remitente identificable. Lo abrí con los dedos fríos, y la imagen tardó un segundo en enfocar: Noah dormido.
La cámara estaba más cerca que en