Control en Caída.
No es una alerta menor. Lo sé por cómo Caelan se detiene de golpe frente a la pantalla.
Todo cambia en cuestión de segundos: números, nombres, rutas, contactos. La estructura que normalmente fluye con precisión empieza a reorganizarse como si alguien hubiera metido la mano dentro y la hubiera girado sin permiso.
—No —dice Caelan, en voz baja, corta.
Estoy a dos pasos de él.
No entiendo cada dato que aparece, pero entiendo lo suficiente. Algo importante acaba de romperse.
—¿Qué pasó? —pregunto.