El Enfrentamiento.
—Quiero la verdad, ahora.
No toco la puerta, entro directo.
Margaret levanta la vista desde su escritorio. No se sobresalta, no pierde la compostura. Eso ya me irrita antes de que diga una sola palabra.
—Elara —dice, con ese tono medido que siempre usa—. No esperaba…
—No me importa lo que esperabas.
La corto sin darle espacio. Camino hasta quedar frente a ella. No me siento, no me relajo, no negocio.
—Vas a responder —añado—. Y no voy a repetir la pregunta.
Margaret deja la pluma a un lado con