La Contención.

La primera vez que supe que la reunión había ocurrido no fue por una invitación ni por un comunicado, fue por el silencio.

Un silencio distinto al de los días anteriores. No el vacío tenso que sigue a una explosión, sino uno más ordenado, casi elegante.

Como si alguien hubiera pasado un paño húmedo por encima del caos y hubiera decidido qué manchas merecían quedarse y cuáles no.

Los Vance habían activado contención.

No lo vi en titulares. Lo vi en los márgenes: llamadas que no llegaban, nombres
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