Réplicas.
Lo primero que ocurre no es el caos, eso es lo que más me desconcierta.
No hay sirenas, ni titulares incendiarios inmediatos, ni llamadas desesperadas pidiéndome explicaciones.
No hay una puerta derribada ni un mensaje amenazante en mi buzón. La filtración no estalla: se filtra, como su nombre indica, en capas finas, irregulares, casi elegantes. Gotea.
Yo sigo sentada en el mismo departamento desde donde apreté “enviar”.
El café se enfría en la taza.
El sol entra por la ventana con una normalid