El Peso de lo no Dicho.
Hay silencios que no se imponen desde afuera, se cultivan.
Lo comprendí esa noche en la que la casa estaba tan quieta que parecía contener la respiración. Noah dormía al otro lado del pasillo, no había televisores encendidos, ni electrodomésticos vibrando, ni notificaciones reclamando mi atención. Todo estaba en su lugar, demasiado silencioso para mi gusto. Tanta calma ya me resultaba inquietante.
Y aun así, yo no lograba sentarme, sentía dentro de lo más profundo de mi ser que algo andaba mal.