La Versión Equivocada.
Hay verdades que no llegan como revelaciones, se arman pieza por pieza, documento por documento, coincidencia tras coincidencia.
No explotan; encajan. Y cuando encajan demasiado bien, una empieza a confiar. No porque sean completas, sino porque alivian una pregunta más pesada: ¿quién está haciendo esto?
Yo necesitaba un nombre, no para acusar, para sostenerme.
Las primeras confirmaciones llegaron sin dramatismo: un registro administrativo al que accedí usando credenciales que todavía conservaba