Después del Susto.

La oscuridad no cayó: se desplomó.

Una especie de látigo de sombra que apagó todo de golpe, como si alguien hubiese arrancado la ciudad de un tirón del enchufe.

Noah se aferró a mi brazo y escuché su respiración acelerarse, chiquita, húmeda, temblorosa. No lo veía, pero podía sentir el calor de su frente contra mi hombro.

—Mamá… —susurró.

Y al mismo tiempo, sentí el brazo de Caelan rodeándonos a ambos, un gesto instintivo, casi salvaje. Lo escuché acomodar a Noah contra su pecho, como si lo hub
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