A Veces, Yo Tampoco me Reconozco.
Desperté con la sensación punzante, casi eléctrica, de que alguien había estado de pie junto a mi cama, observándome mientras dormía. No era una impresión vaga ni un mal sueño pegado a las pestañas.
Era certeza, limpia, cortante, como una línea de hielo bajándome por la columna.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente: respiración entrecortada, garganta reseca como si hubiese tragado arena, piel erizada en oleadas, una tensión muda que se extendía por todo mi torso.
Abrí los ojos de golpe. No co